¡Saludos, entusiastas del noveno arte y buscadores de tesoros narrativos! Como alguien que ha devorado kilómetros de viñetas, desde los clásicos de Tezuka hasta las joyas experimentales del *underground*, hoy me detengo en una obra que habita en esa fascinante frontera entre el estilo visual japonés y la mitología cinematográfica occidental: "Regreso al Laberinto" (*Return to the Labyrinth*).
Publicado originalmente bajo el sello de Tokyopop y con el arte de Chris Lie, este título es una pieza de culto para quienes crecimos fascinados por la estética de Jim Henson. No es solo un ejercicio de nostalgia; es una expansión orgánica y valiente de un universo que muchos creíamos cerrado tras los créditos de la película de 1986.
Sinopsis: El Heredero del Trono de Cristal
La historia nos sitúa varios años después de que Sarah Williams lograra derrotar al Rey de los Goblins con aquellas famosas palabras: *"No tienes poder sobre mí"*. Sin embargo, el foco de esta narrativa no recae en Sarah, sino en Toby, aquel bebé de pijama de rayas que fue el motor de la búsqueda original.
Ahora, Toby es un adolescente de quince años que lidia con los problemas típicos de su edad: la sensación de no encajar, las dificultades escolares y una extraña conexión con un mundo que apenas recuerda. Su vida da un vuelco absoluto cuando Jareth, el Rey de los Goblins, reaparece en su vida. Pero Jareth no viene a secuestrarlo de nuevo; viene a abdicar. Aburrido de su reinado y quizás consumido por su propia naturaleza enigmática, Jareth nombra a Toby como su heredero legítimo.
Toby es arrastrado de vuelta al Laberinto, un reino que ha cambiado drásticamente. Ya no es solo el laberinto de setos y acertijos que recordamos; es un mundo vasto, en decadencia y lleno de facciones políticas que no ven con buenos ojos que un humano asuma el trono. Acompañado por nuevos aliados, como la joven y decidida Hana, Toby deberá recorrer un paisaje surrealista para llegar al Castillo de la Ciudad de los Goblins y reclamar su destino, mientras descubre que el poder tiene un precio que quizás no esté dispuesto a pagar.
Demografía y Estilo: Un Shonen de Fantasía Oscura
Aunque técnicamente se clasifica como un *OEL Manga* (Original English-Language Manga), "Regreso al Laberinto" se encuadra perfectamente en la demografía Shonen, con fuertes tintes de Fantasía Épica.
El ritmo narrativo sigue la estructura clásica del viaje del héroe: un joven con un potencial oculto que debe superar pruebas físicas y morales para madurar. El estilo artístico de Chris Lie rinde homenaje al diseño de criaturas de Brian Froud, pero lo filtra a través de una estética deudora del manga de principios de los 2000, con líneas dinámicas y una expresividad emocional muy marcada en los rostros.
Temas Principales: Identidad, Legado y la Pérdida de la Inocencia
El manga profundiza en temas mucho más complejos que la cinta original:
1. La carga del legado: Toby lucha contra la sombra de Jareth y las expectativas de un reino entero. ¿Es posible gobernar sin convertirse en el "villano" de la historia de alguien más?
2. La transición a la madurez: Si la película original trataba sobre Sarah aceptando que "la vida no es justa" y dejando atrás la infancia, el manga trata sobre Toby asumiendo la responsabilidad de sus actos en un mundo adulto y caótico.
3. La naturaleza del deseo: Al igual que en la obra original, el Laberinto es un espejo de los deseos internos. Toby debe discernir qué es real y qué es una ilusión creada por su propia inseguridad.
En conclusión, "Regreso al Laberinto" es una lectura obligatoria para los completistas de la fantasía. Logra capturar la esencia melancólica y juguetona de Jareth (un personaje que sigue siendo tan magnético y ambiguo como cuando David Bowie lo encarnó) mientras construye una mitología propia. Es una obra que nos recuerda que, aunque logremos escapar del laberinto una vez, sus pasillos siempre guardan un eco que nos invita a volver. ¡Preparen sus esferas de cristal, porque el viaje apenas comienza!
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